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La peor partida de mi vida…

Mientras acabo de escuchar el podcast de No es País para Pejotas (en breve espero poder dedicarle un rato más y escribir los comentarios al respecto…juas, espero poder hacerlo antes de que saquen el siguiente), me he acordado de la partida más atroz que he vivido y dirigido en mi vida. Por cierto, estoy leyendome el Manual del DM 4ª, en breve haré otra megareseña como para la anterior. Éstas navidades espero que caiga el manual de monstruos, así que ya iremos hablando sobre el tema.

Bueno, la peor partida de mi vida… espero que los aludidos que lean esto no se enfaden conmigo, todas las críticas que plasmaré aquí ya las he plasmado antes en persona. Tenía dos partidas para poder meter en este artículo, pero eran “malas” en un sentido diferente. La que he descartado fue mala por la interrupción final de dos amigos que “pasaron a visitarnos” y destruyeron el poco ambiente que había, y porque fue la partida con menos concentración general que he vivido. Suena trágico, pero por desgracia así fue.

La partida maldita en cuestión fue una de Mago: La Ascensión. Un juego del que ya estoy retomando la serie que prometí en su dia, perdón por el retraso pero otros asuntos han llamado mi atención antes. Bueno, varios factores hicieron que aquel funesto día quedara grabado en mi memoria a fuego, estereotipos de cagadas, las típicas que hay que cometer para no volver a caer en ellas en la puta vida. Cinco jugadores y yo de máster, tres de ellos no habían jugado nunca a Mago (aunque sí a rol), hasta ahí todo normal. Y más normal aún cuando el máster hace su trabajo y da a los futuros jugadores cosas para leer. Cosas como qué Tradición querían, qué era el paradigma, y cosas generales del juego. Eso es ESENCIAL en un juego como Mago; de hecho, no se me ocurre así a bote pronto ningún juego que yo conozca que para jugarlo como dios manda se necesite leer tanto como en este.

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Mi primer error lo cometí cuando dos de los jugadores (casualmente eran pareja por aquel entonces) llegaron a la partida solo habiéndose leído por encima las Tradiciones. En aquel momento debí decirles que entonces no jugarían mi partida, que lo sentía mucho por ellos pero que si no tenían la voluntad para prepararse mínimamente, leerse lo básico, no podrían jugar. Sin embargo, entre otras cosas porque la novia de mi amigo era nueva en el grupo y yo aún tenía conductas integradoras, decidí hacerles una explicación rápida del juego a la par que hacíamos sus hojas. El segundo error estaba a punto de ocurrir. Dios se asomó desde el borde de su escritorio y comenzó a sonreír malevolamente…maldito sea.

Ante mis explicaciones rápidas, si eso es posible, sobre términos como Paradigma, Paradoja, Esferas, Arete, Tradiciones, Nodos y demás (lo básico básico que iban a necesitar para la partida) ellos me miraban y asumían lo que decía: repetir diez veces en dos horas qué coño es el Paradigma y la Paradoja cansa a cualquiera, por lo que comencé la partida bastante mosqueado y cansado. Supongo que debieron entenderlo, ya que al menos uno de ellos luego a la hora de utilizar la magia, basaba de una manera interesante sus poderes en su Paradigma; eso consiguió que medio me alegrara de aquella partida, porque lo demás… fue desastroso.

Todos sabemos que en una mesa de cinco jugadores se producen ciertos momentos en los que los demás actúan y tú te pierdes un poco en tus pensamientos. Bien, eso es habitual, incluso puedes comentar algo con otro jugador que esté en la misma situación que tú, pero NUNCA puedes interrumpir la acción de los demás con tu charla. Para mí, eso es un signo de mala educación sumaria y desde aquel día (aunque antes ya lo soportaba bien poco) es algo que me inflama de rabia en las partidas que dirijo o juego. Dos de mis jugadores estuvieron toda la partida casi callados pasándose notitas (tuvieron la delicadeza de pasarse notitas en vez de hablar en cierto momento) y no sabiendo qué coño hacer en sus turnos. Mi tercer error fue no parar la partida en aquel momento y decirles a ellos que se fueran a la otra habitación, que nos dejaran en paz para jugar tranquilos.

Los otros tres jugadores intentaban jugar de una manera decente, haciendo bromas entre magos de distintas tradiciones y esas cosas. Truquitos de salón, conversaciones sobre las distintas filosofías de sus órdenes, hablando sobre la trama (la cual era un one-shot jodidamente bien hilvanado, por desgracia nunca se acabó de jugar) y tal. Bien, fue error mío que aquella partida saliera mal, yo realmente estaba dirigiendo una partida para 3, y a ellos les chillaba y les impulsaba a que siguieran la trama para acabar cuanto antes con el suplicio que la parejita parlanchina me provocaba.

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Días después le dije a mi colega (el miembro masculino de la parejita parlanchina) que la chica no cuadraba con nuestra forma de jugar a rol, que no la volviera a traer a las partidas. Me dio mucha rabia tener que hacerlo, pero la verdad es que él ha estado en otras partidas, y nunca se ha comportado como en aquella, por lo que llegué a la conclusión de que él sí que podía funcionar en la mesa (no me equivoqué) .

Para no pasar por una situación tan incómoda como esa, os aconsejo conocer antes a las personas con las que vas a jugar, observarlos mientras os tomáis algo en un bar o vais a algún sitio. Hablar sobre cómo juega (si es que ya tiene experiencia en el rol, como lo tenía la chica en cuestión) y todas esas cosas. Luego decir sí o no antes de jugar, pero si a mitad de partida la cosa no funciona, no hagáis como yo, parad la partida en el momento que sea y mandad a la otra habitación a la/las persona/s que estropean la diversión de los demás.

Me he acordado de esto a raíz de un artículo en Frankenrol que habla sobre la población en las partidas. Pasaos y dadle un vistazo.

  1. Arssenal
    Noviembre 19, 2008 a las 11:14 am | #1

    La recuerdo, aquella fatídica partida de Mago fue dificil por dos motivos.

    El primero de ellos: la dificultad para mantenerse concentrado con el barullo que había y las constantes interacciones fuera de juego (de las que seguramente también era culpable porque en ocasiones me desconcentraba por completo) en un juego en el que hay que estar bastante atento a los detalles y comerse un poco la cabeza.

    El segundo motivo es que eramos primerizos en Mago y ciertas cosas costaban bastante de entender.

  2. Noviembre 19, 2008 a las 3:12 pm | #2

    Gracias por pasar.

    Cosas costaban bastante de pillar, pero ese no fue el motivo por el que fue mal. De haber estado concentrados, esos motivos se hubiesen entendido sino perfectamente, casi. El problema fue el que fue, unido a la falta de concentración y al poco tratamiento de mago… salió lo que salió…en fin.

  1. Noviembre 16, 2008 a las 2:22 pm | #1